Ernesto Franco W
"Tanatólogo"
"Paramédico"
"Capacitador en Protección Civil"
23.02.2025 Mex
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Imagen tomada de la web sin permiso |
Por un lado me agrada que el tema de la "salud mental" se esté haciendo moda en las redes sociales y medios de comunicación, pues como civil puedo dar testimonio como todos, pero apuesto que en mi oficio de "paramédico" tendrá injustamente más valor. Viví veintenas de crisis nerviosas como causas de llamadas al 911 (066 cuando ejercía en ambulancia) y en atención en módulos de Enfermería en empresas, que metódicamente uno registra y puedes obtener estadísticas que puedes a la vez hacer un análisis epidemiológico pequeño pero válido. En estas atenciones y estadísticas comprobé que la probable etiología de la visita era una "crisis nerviosa", así connotamos (etiquetamos) a los pacientes que después de la exploración y mínima anamnesis, médicamente estaban "bien", pues sus signos vitales, su piel, su semblante estaba en lo "basal", o aceptado como normal en Medicina. Pero si acudían claro es porque se sentían mal y buscan ayuda (descontando a los que usan el servicio como pretexto para un receso). El patrón de síntomas eran la cefalea y lasitud, en ocasiones se sumaba el insomnio, y siempre siempre como antecedente al profundizar se encontró rabietas, problemas que la persona asumía como graves con sus padres, hijos, pareja o compañeros de trabajo (algún jefe, sobre todo), principalmente. Casos con aparente violencia familiar y acoso laboral. En principio al no ser psicólogos ni tanatólogos, y ser un servicio médico o enfermería, médicamente no hay "nada" qué hacer, por lo que según la experiencia y calidad humana propia de cada quien, se "resolvía" obvio efímeramente, con placebos, casi siempre analgésicos AINES, y escucha activa no metódica. Otros casos sí presentaban alguna disfunción a parte de los síntomas anteriores, una combinación de diarreas o heces pastosas, dolor e inflamación abdominal, náuseas y vómitos. Algunos con tensión arterial alta y taquicardia sinusal, quizá agudas (pues no es el lugar para afirmar diagnósticos con tan pocos elementos) otras crónicas confirmadas. En nuestro diagnóstico diferencial y se pudo comprobar con seguimiento inmediato en las empresas, no había infecciones gastrointestinales de por medio en muchos casos, y esos muchos en nuestra interpretación y conocimiento de divulgación médica, eran signos de "crisis nerviosas", pero ya con síntomas y signos más evidentes que solo una cefalea y astenia. Y por lógica, protocolo y/o humanidad, en todos estos casos siempre se le pedía al paciente acudir al IMSS o un médico de cabecera para seguimiento y descartar infecciones u otras patologías.
Por otro lado, ahora el nuestro, el mío y el de mis colegas enfermeras, médicos, paramédicos y bomberos; hasta el día de hoy no hay registros ni estadísticas en México sobre trastornos o conductas desadaptativas provocadas por nuestra labor, ni yo tampoco he llevado un registro sistemático que me permita afirmar con certezas fundamentadas. Se comparten publicaciones en redes sociales sobre el síndrome de Burnout, pero son notas extranjeras de los EEUU o de algún país de la UE, que si bien nos pueden servir de alertamiento, pero no para justificar nuestro status quo, parecidos, claramente, pero no iguales. Las prestaciones, los salarios, los horarios varían si no mucho lo suficiente y necesario, en suma de las circunstancias propias de cada país, que desaprueban cualquier equivalencia. En México sabemos que los estudiantes de Medicina sí tienen horarios muy extenuantes conforme su tradición, además de muy bajos "salarios" o becas por el servicio. Las enfermeras rolan turnos de máximo 12 horas, sin contar cuando cubren ausencias; sumando ordinariamente máximo 48 horas semanales. Tampoco cuentan en este análisis si tienen otros empleos. Y paramédicos y bomberos en la mayoría cubren turnos de 24 x 48 horas, que ordinariamente son 72 horas semanales en el peor de los horarios. Ventaja que tienen principalmente enfermeras(os) de turno nocturno que ilegal e inmoralmente se cubren para realizar las rondas (sabemos que esa práctica reduce la atención a pacientes hospitalizados, pero son cínicos e hipócritas los colegas para poder excusarse y solaparse). Ventaja de paramédicos y bomberos que sí tienen dormitorios, no se les obliga la vigilia, y pues así como pueden tener guardias con pocos servicios o ninguno, hay otras que no paran en toda la noche; mera suerte, que en promedio sí descansan algunas horas por las noches. Informalmente con base en este testimonio y restando a los médicos, ordinariamente no tengo evidencia empírica de desgaste por exceso de trabajo propio del oficio o profesión. Insisto, si cubren ausencias o tienen otros empleos, eso no cuenta como Burnout, es otro problema, que podría ser trastorno Vicario (desgaste por compasión a las víctimas) o "simplemente" exceso de trabajo como en cualquier otra persona, cualquier otro trabajador de lo que sea.
Lo importante independientemente del tiempo laboral, excesivo o no, es que el personal de sala de Urgencias máxime en hospital público, bomberos y paramédicos, viven frecuentemente tragedias y el sufrimiento humano; fallecidos, interfectos, mutilados, intoxicados, quemados, prensados, atrapados, violaciones, etcétera. Que OBVIAMENTE (no espero me disculpen por resaltar el adverbio) no pasan inadvertidos en la conducta del colega o su "salud mental", aunque los veamos en redes sociales muy contentos, de vacaciones, burlándose de su propio empleo, como el común de internautas. Pueden publicar desamores, chismes, diferencias con jefes o compañeros, pero es raro que alguien muestre diáfanamente signos de un trastorno por sus vivencias laborales con pacientes o sufrientes. Según la difusión frecuente de estudios (extranjeros, para no variar) de psicólogos, es más probable que una persona con depresión o tendencias suicidas exprese lo contrario a ello en redes sociales, si acaso lo hiciese. Pero de que dejan un demonio que se debe exorcizar, esos eventos aciagos, lo deja, de otra manera en un contexto de psicólogos clínicos o psiquiatras, estaríamos en frente de psicópatas indolentes por la desgracia ajena (personalmente no lo dudo ni poquito en varios(as), pero ese es otro tema).
Hasta hoy no he sabido que el gobierno ni el Estado en sus leyes tenga sistematizado un seguimiento psicológico de mis colegas mediante talleres o reuniones de acompañamiento, ojalá y no dudo que algunas entidades de la República o municipios lo hayan hecho o intentado, pero no como para que podamos hablar de un sistema que en mi gremio y en tantos años, yo ya hubiese sabido con total probabilidad. Lo he sabido en los cuerpos de policía, pero ignoro en qué magnitud y constancia.
Hace más de 15 años como paramédico voluntario de Cruz Roja León, ya habiendo experimentado muchos tipos de pacientes, muertes y muertos, después de atender con otros dos compañeros a un abuelito occiso por atropellamiento vehicular mientras él transitaba con su bicicleta en un bulevar, empecé a llorar y no paré de hacerlo por dos días consecutivos. ¿Por qué? No lo sé, no era nada mío, solo sé que lloré y lloré, y racionalmente me preguntaba por qué, no le encontré ni nadie de mi familia y compañeros una relación directa que no sea la acumulación de tragedias (trastorno Vicario, tal vez). Se limitaron en consolarme y ya. Ni mis jefes ni la Cruz Roja le dieron atención; y así lo he atestiguado en todos mis colegas, en general, cero seguimiento preventivo psicosocial.
Los riesgos psicosociales laborales, la Tanatología, la higiene mental, las crisis por desastres y emergencias, son temas que por lo menos vienen desde los 70s SXX, si no es que unas dos décadas antes, después de la IIGM, como para que nuestros gobiernos y nosotros mismos, digamos que es algo nuevo por atender. Hemos sido muy negligentes con esos temas en nuestro país, sin interesarme los demás, no por egoísmo, pero como juez por la casa se empieza. Al menos 50 años ignorando los riesgos psicosociales laborales, el trastorno Vicario, ignorando la "salud mental". La salud mental no ha existido por al menos 50 años en México.
¿Por qué hemos desconocido la salud mental en México? ¿Porque estamos bien que no se necesita seguimiento? ¿O porque no sabemos qué es estar bien mentalmente? O algo más de Perogrullo, ¿la subestimación política y empresarial?
Hasta 2018 la Secretaría del Trabajo y Previsión Social implementó la NOM-035 para prevenir riesgos psicosociales en el trabajo, pero la pandemia por Covid-19 no solo provocó su deficiencia en la aplicación, sino quienes hemos trabajado con empresas, atestiguamos que en general la aplican como mero trámite, para cumplir ante visitas de inspectores presentando mera papelería, pero no por una genuina pre-ocupación del bienestar de sus compañeros o subordinados. Muy pocas empresas se esfuerzan en lograr un ambiente psicosocialmente saludable, aunque sea imposible de lograr, pero la asíntota lo vale y justifica.
Lo realmente interesante y muy grave son las ideas que se promueven sobre "salud mental" en redes sociales, ideas subjetivas si no hasta egoístas. Además de las vergonzosas descalificaciones entre las corrientes psicológicas, la Psiquiatría y analistas epistemológicos con las anteriores sobre sus métodos y si son "ciencias" verdaderas o mera simulación y propaganda para ventas. La pregunta central es ¿qué es estar bien o sano mental y conductualmente? Podemos responderla rápidamente y librarnos de dolores de cabeza tomando alguna publicación impersonal, popular y totalmente subjetiva de redes sociales en la Web. En donde recomiendan muy libertinamente y sin ninguna explicación que te alejes de quien te "hace daño", como ellos(as) le dicen a quien les cae mal y en no pocos casos injustificadamente. Que te vayas de vacaciones, que comas lo que quieras, que te compres eso que quieres, solo porque "te lo mereces", así, sin ninguna reflexión o justificación, por pura "salud mental". Si me hace sentir bien, está bien; el utilitarismo más extremo por no decir imbécil.
O elegimos invocar la dialéctica milenaria y quizá sangrienta entre filósofos, sabios, santos religiosos, y ahora psiquiatras, psicoanalistas, conductistas, humanistas, antropólogos y sociólogos, y en el peor de los casos políticos para responder qué significa la salud mental y cómo lograrla. ¿Qué es estar bien mentalmente? ¿Cómo es una persona sana mental y/o conductualmente? ¿Qué es una persona "normal"? ¿Quién o qué sería la "norma"? Es cardinal observar que no es lo mismo "mente sana", "mente saludable" y "conducta sana", ¿salud mental equivale a salud conductual? ¿Higiene mental es sinónimo de salud mental? Tenemos al menos dos graves problemas, lingüístico y fenomenológico, si se ignoran los problemas mucho más las soluciones. Las diferencias entre las corrientes psicológicas afecta tanto a la Psicología como ciencia, y al entendimiento de los problemas o fenómenos que estudia la Psicología. Desgracias por eso, psicólogos. Aunque hay más preguntas, es mejor empezar por resolver las anteriores, esperando solventar las demás o que ello minimice su importancia, sin considerar los problemas lingüísticos en otros idiomas.
Antes de concluir una definición aceptable para "mente sana" es "más fácil" observar que "sano" es una propiedad del ente como objeto de estudio, y "saludable" es una cualidad de la relación entre dos entes o un ente y un fenómeno. Si bien cotidianamente se usan sinonímicamente sin mayor problema, pero estrictamente no lo son. Una mente sana es aquella que "está bien" conforme los estándares generales sociales y psicológicos; una "mente saludable" es aquella que podría beneficiar en la mente o conducta de otros, ¡como una buena fruta! Jaaa.
Aún sin tomar en cuenta las posturas de las corrientes conductistas, es admisible que una "mente sana" no equivale a "conducta sana". Empezando por un ejemplo inductivo son aquellas personas que uno cotidianamente las considera "normales" hasta que atestiguamos una conducta anormal o nos enteramos de una noticia aciaga, en muchos casos son hechos violentos y lúgubres, otros son graciosos, pero sorprendentes. Es fácil relacionar algunas de estas personas con los llamados "psicópatas", que parecen normales, pero no lo eran, según la Psiquiatría convencional. Estos ejemplos que podemos revisar y abstraer nos sirven para diferenciar esa desigualdad entre "conducta sana" y "mente sana". Al hablar sobre "conducta" exige a otros entes como referencia, en los ejemplos que habrían podido evocar anteriormente, el tal "psicópata" tenía una conducta "normal" según los testigos, adaptada y funcional a su contexto social, dirían los queridos conductistas; pero mentalmente no estaba bien. En la mayoría de los casos en donde una persona nos sorprende por una conducta anormal en particular violenta contra sí mismo u otros, sí expresan sentimientos, emociones y pensamientos que anteceden los eventos, pero también sabemos de dos grandes problemas; el primero es la subestimación social, tanto por ignorancia y falta de empatía, o sea desconocer los signos y/o no darles la importancia que se merecen. El segundo es la reserva o represión de los sentimientos y emociones que también es algo común, las personas afectadas o liberan sus sentimientos discretamente (llorando solos, dañando animales, pasatiempos obsesivos, etc.) o los contienen hasta que un factor detonante provoca la explosión contra su alrededor o un objetivo específico, o una implosión contra su salud física (infarto cardiaco, urticaria, autolesiones, parálisis, etc.). Una conclusión parcial es que es prioritario atender la mente que la conducta, que no son iguales, pero sí inmanentes o tienen una relación funcional. Aunque es más fácil y reconocible trabajar con la conducta, si no podemos atender la mente, atendamos sin dudar la conducta.
Reconociendo las diferencias conceptuales y lingüísticas anteriores, aún así no es inmediato definir una mente sana y conducta sana, o persona normal psicológicamente. Pueden revisar en la Web, en la IA, en enciclopedias y textos de Psicología, y no hay consenso sobre qué es una persona normal psicológicamente o mentalmente sana. Coinciden que depende de la cultura, el entorno, la época y claro la salud física; o sea es una definición homeostática o alostática, flexible o dinámica conforme las circunstancias, jamás estacionaria e inmutable. Una opción es entonces encontrarla o definirla a la inversa mediante el conjunto complementario, siendo más sencillo encontrar la definición de un trastorno mental, o conducta desadaptada y disfuncional, y sus características. Una propiedad universal de un trastorno mental es la afectación inmediata social, primeramente familiar y más importante en lo laboral o escolar, o sea, se cuestiona o deja de ser una persona económicamente activa para el gobierno y las estadísticas. La persona trastornada manifiesta conductas que le impiden trabajar como su patrón o profesores lo esperan, y su eficiencia en sus responsabilidades reduce significativamente. En materia emocional, sentimental y pensamientos tal vez no impida el desempeño laboral, escolar y/o familiar, seguramente afectará la eficiencia, pero no para que cause baja laboral, escolar o que la familia se alarme. Pero esta cualidad mental, los sentimientos, emociones y pensamientos, es precisamente la que podría anteceder la conducta disfuncional o la enfermedad, y es como se mencionó, muy subestimada, por el individuo y sus seres queridos, o quienes lo rodean. Su servidor comparte que las emociones y sentimientos no son en principio trastornos, el llanto, la tristeza, la depresión, la ira, la ansiedad, el estrés, la apatía,... y deben acompañarse, no menospreciarlos, acompañar al doliente, darle valor a su ira, a su ansiedad, a su depresión,... y un acompañamiento activo, o sea, ni impedir que fluyan, ni solo estar al lado, escuchar activamente e interactuar con ejercicios o terapias. Luego entonces, una persona sana mental y conductualmente es aquella cuya conducta, pensamientos, sentimientos y emociones no impiden o no afectan tanto sus funciones sociales y desarrollo personal. Harina de otro costal es que los ideales, valores y razonamientos, sí pueden provocar y provocan afectaciones familiares y sociales, tan simple e irónico que un lacaniano y un interconductista tendrían a priori una relación muy pero complicada en lo laboral y social; o un ultraconservador islámico la tendría con un abierto gay.
Recopilando, una mente y conducta sana, una persona psicológicamente normal, depende de su ecosistema y sus expectativas. Esas expectativas que son sus pensamientos, sentimientos, reflexiones, ideales, valores, metas y quizá una vocación, son las que contribuyen en la cultura, las que hacen las culturas en el mundo y en la Historia. Esas expectativas no podemos despreciarlas para también entender lo que es una persona psicológicamente normal, que se preguntó anteriormente qué es o cuál es la norma para definirla, y ya habiendo razonado que debe haber un equilibrio entre la mente como expectativas individuales con las expectativas sociales, y en el mejor de los casos un cuerpo sano, "orandum est ut sit mens sana in corpore sano", evocando la antigua locución romana. Y es desde la antigüedad que se han establecido normas de conducta consuetudinarias y jurídicas, con la finalidad de evitar entorpecer la movilidad social, su desarrollo y su crecimiento; desde una posición política. Desde una postura social son los líderes religiosos o sabios los que dictan las normas, y los filósofos los que analizan la Ética y moral, que van de la mano de la Religión y por supuesto de las leyes. Políticos, juristas, santos, sabios y filósofos han analizado la conducta y mente humana (alma y espíritu) desde hace milenios, y deducido las conductas y expectativas que nos convienen "a todos", llamada "buena conducta" con base en la Ley, aunque no necesariamente las leyes (políticas) coinciden con la moral. Las leyes son y han sido totalmente utilitaristas, pragmáticas y convenientes para las clases altas, aunque contradictoriamente, sí, aunque se enojen, la falta de análisis por parte de políticos y juristas, y separarlas de la Ética y moral, han producido leyes tras leyes tras leyes; que en lugar de reducirlas con eficiencia, las han multiplicado ha un nivel tan absurdo que las contradicciones entre ellas son muy comunes, y otras que se han convertido en letra muerta ante su inutilidad, inocuidad o imbecilidad. .
Las leyes condicionan nuestra conducta, pero no inspiran ni provocan mentes sanas ni conductas sanas. Por el contrario la Ética y la moral, la Axiología, analizan los valores y los sentimientos que si no provocan felicidad, placer y buenas relaciones sociales, por lo menos reducen el sufrimiento y los problemas sociales, sobre todo los que generan violencia extrema; bueno, ese es el propósito. Y esto nos acerca más a la definición de una mente y conducta sanas, una persona psicológicamente sana o normal. Una mente y conducta sana ya no solo es un equilibrio entre las expectativas individuales y las sociales o ecosistema, sino con las leyes, las normas comunitarias, religiosas y morales.
¿Qué nos dice Aristóteles, Sócrates, Epicuro, Diógenes, los estoicos? ¿Qué nos dice Confucio? ¿Qué nos dice Moisés, Jesús, Buda, Mahoma, Mahavira, Lao tsé? ¿Qué nos dice Freud, Jung, Watson, Maslow? ¿Qué nos dice Nietzche, Bergson, Ayn Rand o Simone de Beauvoir? ¿O Emma Goldmann, Marx, Kropotkin, o Milton Friedman? Cada quien nos aconseja o dicta cosas diferentes. No es lo mismo estar bien con Alá, que con Moisés, o con Krisna, ni mucho menos con Marx o con Javier Milei. Dinámicamente nuestra conducta tiene qué adaptarse o se adapta sea homeostática o alostáticamente al contexto, o perecer darwinianamente por selección natural. Con base en los párrafos anteriores, podemos modificar nuestra conducta al contexto, podemos adaptarnos, pero no necesariamente la mente. Y así podemos comprobar la adaptación conductual a la esclavitud laboral, explotación sexual, explotación de comunidades, asedios, migraciones, secuestros, matrimonios forzados, etc. Se enfatizó la advertencia sobre todo por los filósofos desde mediados del siglo XIX, sobre los agentes alienantes de nuestra mente y conducta; y justamente es que nacen en secuencia la Psicología y la Psiquiatría, como disciplinas diferentes a la tradicional Filosofía como analista del alma y espíritu humanos.
Un antropólogo o un sociólogo lo explicarían mejor, pero aunque sean diferentes las normas y consejos morales entre santos, sabios y filósofos, tampoco son mutuamente excluyentes, sí hay un tronco común en todos los contextos, pues a pesar de los desdenes, diferencias y de la discriminación entre sociedades, culturas, familias e individuos, desarrollamos y entendimos la diplomacia. El comercio, la globalización y la organización que eso provocó, nos obligó a mediar nuestras conductas para "estar bien", estar "sanos mentalmente". En una alostasis u homeostasis los líderes políticos, empresariales y las personas ajustan su conducta para evitar conflictos, aunque algunos se esfuercen por estirar la paciencia y tolerancia.
En Medicina siendo estrictos, definir una persona sana físicamente es mucho menos complicado, hasta sencillo diría, lo complicado es encontrar personas que ejemplifiquen al 100 esa definición, que son las menos. Si sus signos vitales y exámenes médicos están en lo determinado basal, y la persona dice que se siente bien, entonces está sana, punto. Una persona con alguna discapacidad convencional también se asienta como "sana" si el resto de signos y exámenes salen normales. Y tenemos el descaro pragmático de afirmar que alguien está sano físicamente, a pesar de que tenga enfermedades crónicas o agudas, pero que tales no le impidan trabajar y desempeñar sus funciones familiares, sociales y laborales cotidianas.
Algo que parecía fácilmente entendible y aceptable en los primeros párrafos, resultó por mucho complejo. En conformidad relativa con las corrientes conductistas, hay conductas, muchas, que es erróneo llamarlas "trastornos" o peor "enfermedades" como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, o la depresión, o la ansiedad, por mencionar las más populares en redes sociales, no son para estos profesionales, ni trastornos ni enfermedades, en consecuencia, no son ni están enfermos. ¡A chinga! ¿Entonces están sanos? En términos conductistas tienen conductas desadaptadas ¡o inclusive normales! Pero en definitiva no están enfermos ni trastornados (médicamente). Pero para sus colegas de otras corrientes de pensamiento, claro que sí tienen malestares mentales, como se reflexionó sobre la diferencia de conducta y mente sana, si bien es aceptable que haya conductas que etiquetarlas como enfermedad es erróneo tanto porque no hay analogía natural entre la Medicina y la Psicología, y sobre todo porque no hay evidencia fisiológica e histológica de disfunción o daño orgánico que se relacione con el comportamiento anormal; pero tampoco se puede negar que haya un problema, sea mental o conductual, es un problema para la persona y quien lo rodea, y requiere atención profesional, como un resfriado, que aunque sea en general una afección inofensiva y que sana sin intervención médica, pero no sobra la atención médica, solo por ser "inofensiva". Si no existen enfermedades o trastornos, implica que tampoco habría cierta prevención psicológica, por cierto.
¿Entonces cuáles son las condiciones para afirmar que alguien está sano mentalmente o no? Entre todo lo dicho sí podemos afirmar varias cosas:
1. Su servidor sugiere mejor usar "higiene mental" que "salud mental", pues primeramente es observable que en el razonamiento ya no es inmediato el concepto de "salud mental", o lo dejamos a la intuición popular o batallamos en consensuarla. Segundo, la idea de "higiene" es inclusiva en "salud", y en algunos contextos son sinónimas, por lo que no debería haber problema en intercambiarlas. Tercero y finalmente, la higiene, intuitiva y por definición es la prevención para conservar la salud, para tener y mantener la salud. De esta forma la Higiene Mental son o serían las técnicas y prácticas para el control de variables que podrían provocar conflictos morales y de autorrealización consigo mismo, y conductuales con la sociedad. Esta definición también contempla enfermedades y lesiones [médicas] neurológicas conductuales, como epilepsia, Alzheimer, tumores cerebrales, enfermedades genéticas, entre otras, es admisible que son improbables de prevenir. Aunque hay otras que son agudas y sí se pueden prevenir, como los traumatismos craneoencefálicos, ictus, hipoglucemias, cisticercosis o intoxicaciones.
"La conciencia es el mejor juez de un hombre de bien". Gral. José de San Martín
2. Ha resultado práctico y útil considerar al individuo primero desde la Medicina, y que la Medicina defina la salud como un integridad en función de las tres esferas en ese orden: física, mental y social.
3. Si la persona está mal físicamente según los parámetros médicos y eso le causa incapacidad para desenvolver sus funciones cotidianas, familiares, sociales y laborales, implica que social y mentalmente también está mal, por integridad convenida y demostrable.
4. El problema más complicado son las afecciones de la personalidad etiquetadas como crónicas pero que o no hay evidencia fisiológica ni genética o no la suficiente para que sea aceptada convencionalmente por toda la comunidad médica y psicológica como "enfermedad". Por eso la homosexualidad para el común de profesionales ya no representa una afección y su percepción se ha modificado totalmente en la sociedad aunque aún hay mucha gente que sí la considera despectivamente un trastorno de la personalidad. Igualmente con el síndrome de espectro autista, al no tener evidencia fisiológica o no concluyente, hay organizaciones que le quitan la etiqueta de "trastorno", algo que no es convencional en toda la comunidad médica y organizaciones civiles, y abogan por tratarlo y llamarlo como "condición autista". El peor de los casos son las clásicas psicosis, como la paranoia, la esquizofrenia, bipolaridad, personalidad disociativa, entre otras muchas, que también al carecer de pruebas fisiológicas o no las suficientes, es que desata la queja y debate de los conductistas que niegan sean enfermedades, solo conductas disfuncionales que pueden readaptarse conforme sus métodos sin necesidad posible de fármacos.
En el caso del autismo y las psicosis es evidente para todos que las personas presentan conductas que representan problemas tanto para sí mismos como para su ambiente, no está sujeto a discusión. No les llamaremos por solidaridad y por conductismo "trastornos" pero definitivamente tampoco podemos usarlos como referencia para hablar de salud mental, más bien una conducta inadaptada para los estándares sociales.
5. La diplomacia y el negocio son sorprendentemente conceptos comunes en la relaciones sociales globales indispensables para conductas saludables o higiene mental. Estos conceptos idealmente siguen las conductas "políticamente correctas" que están sujetas de la moral convencional y mutua de las grandes religiones y sistemas filosóficos. O sea un buen cristiano, un buen musulmán, un buen ateo, se rigen por normas comunes que si las cumplen en sus relaciones, tendrán un comportamiento aceptable, hasta ejemplar y mente tranquila. Los valores y las normas morales son fundamentales en las familias, la escuela y los ejemplos políticos, estos tres no garantizan, pero sí incrementan las probabilidades que un individuo no degenere en conductas, primero sancionadas por las leyes, y en segundo por la moral social.
6. Los productos o situaciones que se pretende evitar en lo general de una conducta disfuncional o trastorno mental, en el común de sociedades y culturas, son el sufrimiento y eventos violentos que provoquen incapacidades o peor, la muerte. Restando casos particulares como los referidos activistas y libertadores, entre otros muchos, en donde se acepta que la muerte y el sufrimiento serán muy probablemente consecuencia de sus decisiones. A parte de la diplomacia y la negociación comercial, la prevención en materia de Seguridad y Salud en lo laboral, vial y domestico es indispensable. Estas acciones reducen las probabilidades de eventos funestos y mejor aún, hacen más eficiente una recuperación.
En conclusión parcial, la salud mental es en primer lugar contar con salud física o enfermedades no incapacitantes; tener conductas funcionales contextuales en lo social y laboral; coherencia entre los ideales y sus consecuencias; estar abierto a la diplomacia, ser coherente con las creencias religiosas y trabajar en la prevención de riesgos de salud y seguridad doméstica, laboral y vial.
¿Cómo tratar un trastorno o conducta desadaptativa? Primero lo médicamente comprobado que se pueda tratar, segundo conforme las convenciones aceptadas si no por todos, por gran parte de la comunidad médica y psicológica, ratificadas en el mejor de los casos por un código jurídico. O sea las terapias conductuales, humanistas, clínicas, psicoanalíticas, o acompañamiento tanatológico, que con evidencia contundente o no, pero se han corroborado sus beneficios y utilidad. ¿Sobrará mencionar que se recomienda evitar las terapias holísticas, remedios caseros, la homeopatía, constelaciones familiares, astrología, tarot? Si bien como placebos pueden ser útiles, pero pueden provocar la subestimación de enfermedades físicas relevantes y en el peor de los casos, la muerte.
"Lo peor de una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras". Arthur Fleck (El Joker).